El espacio de vida en las ciudades es de vital importancia para todos los humanos, nuestras ciudades son el reducto de nuestras esperanzas y aspiraciones, en ellas trabajamos, estudiamos, paseamos por su calles, nos preocupamos por su organización, fundamos el futuro personal y el de nuestros hijos, etc. La ciudad es pues, ese reducto de esperanza para poder vivir bien y desarrollarnos con plenitud.
El mundo antiguo veía a sus ciudades como la esperanza del mañana, procuraba su conservación y daban su sangre por su defensa cuando era atacada por los enemigos; de esas ciudades del pasado emergió la máxima institución política del presente que hoy conocemos con el nombre de Estado o Nación. Las ciudades antiguas como Grecia, Roma, Esparta, Cartago y muchas más tuvieron que enfrentarse a diversos desafíos y muchas de ellas salieron avante y otras sucumbieron ante las desgracias o las transformaciones que eran inevitables por el hecho de la evolución social.
La idea de ciudad nos refiere a la pertinencia, a lo que es de nosotros y si por alguna razón se pierde este sentido, la ciudad deja de ser lo que era o lo que debería de ser. Un proceso semejante parece que vive Ciudad Juárez. En ella, ante la terrible ola de violencia desatada desde hace años ha hecho que poco a poco sus habitantes ya no se sientan seguros, que abandonen sus centros de trabajo, que las inversiones ya no lleguen, que su ritmo se pierda, que su gente se descorazone ante el abandono del que son objeto por parte de quienes los gobiernan.
No es exagerado decir que en Ciudad Juárez se está poco a poco viviendo una diáspora. Para sus habitantes ya no es posible seguir viviendo y optan por abandonarla. Sin duda que esto es una tragedia, es muy probable que esa diáspora no signifique la desaparición de la ciudad, pero sí mucho tendrá que ver con la pérdida de su identidad sobre todo para quienes han vivido y viven aún en ese lugar.
En los últimos años –digamos los años de la violencia que coinciden paradójicamente con el advenimiento del “cambio democrático”-, la ciudad perdió al 24% de su población, pasó de 1.3 millones de habitantes a un millón, es decir 60 mil familias han huido de ese lugar, esto según los datos del Instituto Nacional de Información y Estadística del Gobierno Federal y publicados el 16 de febrero de 2010 en el Diario Milenio. Por su parte la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez estima que son hasta 100 mil las familias que han huido, haciendo un aproximado de 500 mil personas.
Según el Colegio de la Frontera Norte 116 mil casas habitación han sido abandonadas por sus moradores, eso implica que el 25% de las viviendas están vacías. El Servicio de Ciudadanía de Inmigración de los Estados Unidos de América y el Departamento de Inmigración y Naturalización, calculan en 100 mil el número de juarenses que cambiaron su residencia a esa país, principalmente al Paso Texas.
En lo económico en dicha ciudad se han perdido más de 200 mil empleos, lo que afecta al 20% de la población actual. La Cámara de Comercio señaló que hace dos años se tenían registrados 11 mil negocios y hoy sólo 2,700 están funcionando, 8300 han cerrado. La Asociación de Maquiladoras informó que cerca de 1000 millones de dólares no llegaron a instalarse por la inseguridad; esos recursos hubieran generado entre 70 y 80 mil empleos.
En pocos años la guerra contra el crimen organizado ha dejado más de 4,800 muertos, numerosas fuerzas del ejercito hacen presencia para combatir a los delincuentes y los resultados son magros. Hace apenas unos cuantos días 16 jóvenes fueron masacrados en una fiesta particular, de los asesinos poco se sabe, las detenciones son a cuenta gotas pero la impunidad a raudales; se han creado programas sociales para favorecer el ritmo de vida de los juarenses, el gobierno federal aportará 650 millones de pesos para obras sociales y enviará a 15 agentes ministeriales para lo que denominan “la reconstrucción institucional del sistema de justicia”, una ridiculez de apoyos que de nueva cuenta agreden no sólo a los juarenses sino a todo el país.
El Presidente de la república ha hecho pie en la ciudad para pedir disculpas, que no perdón, por los agravios, encontrándose con una madre valerosa a quien le mataron dos hijos en la masacre quien le espetó sus verdades al decirle que no era bienvenido a la ciudad.
Al ritmo que llevan las acciones de gobierno y sus decisiones la diáspora seguirá su ritmo, los habitantes en la medida de lo posible seguirá huyendo a otros lares, la ciudad poco a poco perderá su identidad, porque el tamaño de la desgracia que hoy viven es tan grande que en no poco tiempo las heridas pueden resarcirse.
Twitter: @miguelapb
Página destinada a publicar algunas cosas que considero de interés acerca de mi profesión, escritos en algunas revistas, así como reflexiones y uno que otro cuento. Espero les sea de utilidad o diversión. Saludos.
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martes, 16 de febrero de 2010
lunes, 1 de febrero de 2010
VIOLENCIA SIN FIN. AHORA CIUDAD JUÁREZ Y TORREÓN
La violencia desatada a partir de los gobiernos panistas ya asusta hasta el más pintado. En un principio, cuando todo comenzó parecía que la violencia sólo se circunscribía entre los delincuentes y las instituciones del Estado, hasta ahí todo parecía lógico, más no lo deseable moralmente, ya que se sabía de antemano que habría muchas muertes inútiles y que gente inocente caería ante tronar de las balas.
De acuerdo con algunos datos aportados por Miguel Carbonell en la página Twitter, en los gobiernos panistas han muerto un poco más de 16,000 personas, ha habido días en que los decesos violentos han sobrepasado las 30 personas, esto es lo más perecido a una guerra convencional. En Diario Milenio del pasado 2 de enero de este año, reportó que durante 2009 hubo un ejecutado cada hora durante 2009; Chihuahua fue el Estado más violento con 3, 637 muertes, 3 mil más que en 2007. Señala también que en menos de tres años el narcotráfico aumentó sus delitos en 314 por ciento. Guerrero es el Estado es el segundo Estado más violento, “pues duplicó las 465 muertes que se habían sumado en 2008 seguido por Sinaloa, donde se cometieron 814 homicidios, cifra menos a las 945 de 2008, pero mayor a las 476 de 2007”. Este Diario reporta 16,885 muertes en todo el sexenio, y sólo en 2009 8,281 muertes.
En cuanto a las muertes de policías ejecutados en 2009, Chihuahua presentó el número más alto con 110 ejecutados, Guerrero en segundo lugar con 64, Michoacán en tercero con 60 y Sinaloa en cuarto con 45 ejecutados. En total el número de policías –federales, estatales, municipales y el ejército- fueron 466.
De todos los crímenes anotados con anterioridad incluyeron la muerte de 149 menores y 411 mujeres, sólo en diciembre de ese año se registraron 75 asesinatos.
Todos estos datos por desgracia parece que se verán seriamente aumentados proporcionalmente en 2010. Todo parece indicar que el golpe dado a una célula importante del narcotráfico desatará o ya desató una violencia más generalizada, ello aunado a la disputa lógica por los territorios y la respuesta que va a dar el Estado ante el evidente reacomodo de los grupos delincuenciales, quienes intentan a como de lugar penetrar en nuevos territorios dominados por diversas células.
Esta situación se torna perversa y lo es más por la ineficacia del Estado y sus instituciones para combatir eficazmente a la delincuencia. Y lo es porque para poder combatir al enemigo, por así decirlo, es necesario estar capacitados para ello y en este caso la preparación es escasa y la posibilidades de éxito real son menores aunque no imposibles. Al respecto, a decir de Álvaro Uribe (Colombia) es posible ganar la lucha contra el narcotráfico en un plazo de diez años, esto a decir de León Krauze en Twitter. En respuesta a ese tuit, respondí que en efecto, que era posible pero que sólo lo será si el Estado combate en primer lugar la corrupción interna incluida los vínculos que hay entre funcionarios y la delincuencia organizada.
Hoy por los acontecimientos ocurridos en Ciudad Juárez y en Torreón donde los sicarios masacraron a jóvenes que se divertían en sendas fiestas, indica que la violencia se recrudecerá y que no tomará en cuenta edad, sexo o condición social de las personas para masacrarlas. La sociedad está espantada por estos crímenes tan arteros y dolorosos, pero a la vez también está muy molesta por la nula, hasta hoy, respuesta del Estado. Todo parece indicar que habrá más violencia y que esta será más cruel que nunca, es una pena que las cosas hayan llegado hasta este límite porque cuando no hay seguridad la sociedad se siente indefensa y cuando eso pasa la democracia no es posible aún que los políticos digan que estamos insertos en ella.
De acuerdo con algunos datos aportados por Miguel Carbonell en la página Twitter, en los gobiernos panistas han muerto un poco más de 16,000 personas, ha habido días en que los decesos violentos han sobrepasado las 30 personas, esto es lo más perecido a una guerra convencional. En Diario Milenio del pasado 2 de enero de este año, reportó que durante 2009 hubo un ejecutado cada hora durante 2009; Chihuahua fue el Estado más violento con 3, 637 muertes, 3 mil más que en 2007. Señala también que en menos de tres años el narcotráfico aumentó sus delitos en 314 por ciento. Guerrero es el Estado es el segundo Estado más violento, “pues duplicó las 465 muertes que se habían sumado en 2008 seguido por Sinaloa, donde se cometieron 814 homicidios, cifra menos a las 945 de 2008, pero mayor a las 476 de 2007”. Este Diario reporta 16,885 muertes en todo el sexenio, y sólo en 2009 8,281 muertes.
En cuanto a las muertes de policías ejecutados en 2009, Chihuahua presentó el número más alto con 110 ejecutados, Guerrero en segundo lugar con 64, Michoacán en tercero con 60 y Sinaloa en cuarto con 45 ejecutados. En total el número de policías –federales, estatales, municipales y el ejército- fueron 466.
De todos los crímenes anotados con anterioridad incluyeron la muerte de 149 menores y 411 mujeres, sólo en diciembre de ese año se registraron 75 asesinatos.
Todos estos datos por desgracia parece que se verán seriamente aumentados proporcionalmente en 2010. Todo parece indicar que el golpe dado a una célula importante del narcotráfico desatará o ya desató una violencia más generalizada, ello aunado a la disputa lógica por los territorios y la respuesta que va a dar el Estado ante el evidente reacomodo de los grupos delincuenciales, quienes intentan a como de lugar penetrar en nuevos territorios dominados por diversas células.
Esta situación se torna perversa y lo es más por la ineficacia del Estado y sus instituciones para combatir eficazmente a la delincuencia. Y lo es porque para poder combatir al enemigo, por así decirlo, es necesario estar capacitados para ello y en este caso la preparación es escasa y la posibilidades de éxito real son menores aunque no imposibles. Al respecto, a decir de Álvaro Uribe (Colombia) es posible ganar la lucha contra el narcotráfico en un plazo de diez años, esto a decir de León Krauze en Twitter. En respuesta a ese tuit, respondí que en efecto, que era posible pero que sólo lo será si el Estado combate en primer lugar la corrupción interna incluida los vínculos que hay entre funcionarios y la delincuencia organizada.
Hoy por los acontecimientos ocurridos en Ciudad Juárez y en Torreón donde los sicarios masacraron a jóvenes que se divertían en sendas fiestas, indica que la violencia se recrudecerá y que no tomará en cuenta edad, sexo o condición social de las personas para masacrarlas. La sociedad está espantada por estos crímenes tan arteros y dolorosos, pero a la vez también está muy molesta por la nula, hasta hoy, respuesta del Estado. Todo parece indicar que habrá más violencia y que esta será más cruel que nunca, es una pena que las cosas hayan llegado hasta este límite porque cuando no hay seguridad la sociedad se siente indefensa y cuando eso pasa la democracia no es posible aún que los políticos digan que estamos insertos en ella.
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