México vive una de sus peores etapas como país. La violencia incontrolable en todos los aspectos de la vida social está haciendo que las personas desconfien de todo y de todos.
Hay varias maneras de analizar la violencia pero a la que me refiero en esta ocasión es aquella que depende o más bien se genera por los diversos grupos delincuenciales que operan en el país. El hombre de la calle se siente indefenso, capaz de ofrecerse a sí mismo soluciones, solo está a la espera de que algo terrible le suceda y a la vez esperanzado en que no le pase nada a él y a su familia. Es un estado de angustia individual y colectiva que no es fácil de describir.
Si bien la violencia está desatada, por otro lado somos informados que México es un país integrado por gente que se considera feliz. La OCDE en un reciente estudio indica que los trabajadores mexicanos son los que más horas dedican al trabajo, el cual es de los menos remunerados entre las naciones que integran la OCDE, pero que al preguntarnos si somos felices contestamos mayoritariamente que sí. ¿Será que los mexicanos le damos al mal tiempo buena cara como bien reza el dicho popular? Pues parece que sí que lo que más nos conforta para hacer llevadera esta vida son aquellas pequeñas cosas que pueden hacernos felices y las valoramos más de lo debido.
Si las calles se llenan de cadáveres, si cada día aparecen descabezados y destripados, si es recurrente el encontrar fosas llenas de cadáveres putrefactos, no es tan significativo, aunque sí nos preocupe y angustie, como aquellas insignificancias qeu sentimos que alegran a nuestro corazón.
Tal manerade ver la vida no deja de ser compleja, somos por un lado desgracia y por el otro fiesta, resumen de lo incomprensible de nuestro carácter nacional.
Página destinada a publicar algunas cosas que considero de interés acerca de mi profesión, escritos en algunas revistas, así como reflexiones y uno que otro cuento. Espero les sea de utilidad o diversión. Saludos.
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jueves, 23 de junio de 2011
viernes, 1 de enero de 2010
2010 reflexión ciudadana
· Quiero desearte lo mejor en este año que apenas comienza. Sobre todo que seamos capaces de entender que para solucionar los problemas de la vida social no basta la acción sana individual, sino que, es necesario que actuemos en conjunto. La felicidad no es un asunto personal, es un estado de ánimo colectivo, la felicidad de unos pocos ante la miseria y tristeza de la gran mayoría no puede ser la justificación moral de un pueblo. Hoy nos ha tocado vivir en un México (y creo que toda LA), lleno de problemas que parecen insalvables, pero ¿sabes? no lo son tanto si decidimos motivarnos para resolver esos problemas en colectivo. Ningún pueblo ha sido salvado por un héroe o un santo o alguna figura mítica, los pueblos han hecho cosas y han salido adelante porque colectivamente así lo decidieron.
Nuestro gobierno -por desgracia debemos tener uno- nos ha clavado una vez más la puñalada trasera, una más desde que se instauró en México primero la oligarquía revolucionaria y hoy la oligarquía económica de los poderes fácticos ante la complacencia de los hombres en el poder. Esa puñalada, la económica, se suma al abandono ancestral de la gran mayoría, hoy somos más pobres que antes, la ilusión del advenimiento de la democracia acabó, se instauró el monopolio de la política únicamente en los partidos políticos y el ciudadano quedó olvidado para intervenir en los asuntos públicos. Pero el problema no sólo es de arriba hacia abajo, sino también está en la base social. Nuestra cohesión social es muy débil. Por eso hoy más que nunca debemos pensar que los problemas del vecino son los míos, que su pobreza o la nuestra no solo afecta a quien la sufre sino que es un mal social que bien tiene remedio, y como éste otras pandemias sociales pueden y deben tener solución, pero esta dependerá del actuar de nosotros, nadie desde el más allá va a venir a solucionar lo que nos corresponde hacer a nosotros, no hay Mesías en política, no hay milagros inexplicables para que de un día a otro las cosas se solucionen, no.
Ante la llegada de un nuevo año, tomemos conciencia de nuestros deberes ciudadanos y actuemos en consecuencia. No insito a la revolución armada, pero sí a una revolución del ciudadano. En donde nos enteremos más de nuestros problemas y tratemos de hacer algo para solucionarlos desde nuestra trinchera de trabajo y desde la organización social, por ejemplo con los vecinos o la comunidad o grupo al que pertenezcamos. Que este 2010, sea el despertar y la constatación de que el poder soberano es del pueblo y no propiedad de unos cuantos que deciden por todos al amparo de un sistema que se dice representativo pero que en la vía de los hechos no lo es. De nosotros dependerá la felicidad de nuestra patria y la individual, rescatemos esa posibilidad porque si no lo hacemos ya todo estará dicho y habremos cavado nuestra propia tumba.
Te mando un abrazo muy especial deseando que todos tus proyectos de vida se lleven a cabo.
Nuestro gobierno -por desgracia debemos tener uno- nos ha clavado una vez más la puñalada trasera, una más desde que se instauró en México primero la oligarquía revolucionaria y hoy la oligarquía económica de los poderes fácticos ante la complacencia de los hombres en el poder. Esa puñalada, la económica, se suma al abandono ancestral de la gran mayoría, hoy somos más pobres que antes, la ilusión del advenimiento de la democracia acabó, se instauró el monopolio de la política únicamente en los partidos políticos y el ciudadano quedó olvidado para intervenir en los asuntos públicos. Pero el problema no sólo es de arriba hacia abajo, sino también está en la base social. Nuestra cohesión social es muy débil. Por eso hoy más que nunca debemos pensar que los problemas del vecino son los míos, que su pobreza o la nuestra no solo afecta a quien la sufre sino que es un mal social que bien tiene remedio, y como éste otras pandemias sociales pueden y deben tener solución, pero esta dependerá del actuar de nosotros, nadie desde el más allá va a venir a solucionar lo que nos corresponde hacer a nosotros, no hay Mesías en política, no hay milagros inexplicables para que de un día a otro las cosas se solucionen, no.
Ante la llegada de un nuevo año, tomemos conciencia de nuestros deberes ciudadanos y actuemos en consecuencia. No insito a la revolución armada, pero sí a una revolución del ciudadano. En donde nos enteremos más de nuestros problemas y tratemos de hacer algo para solucionarlos desde nuestra trinchera de trabajo y desde la organización social, por ejemplo con los vecinos o la comunidad o grupo al que pertenezcamos. Que este 2010, sea el despertar y la constatación de que el poder soberano es del pueblo y no propiedad de unos cuantos que deciden por todos al amparo de un sistema que se dice representativo pero que en la vía de los hechos no lo es. De nosotros dependerá la felicidad de nuestra patria y la individual, rescatemos esa posibilidad porque si no lo hacemos ya todo estará dicho y habremos cavado nuestra propia tumba.
Te mando un abrazo muy especial deseando que todos tus proyectos de vida se lleven a cabo.
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